lunes, 29 de diciembre de 2008

La tomita de ayahusca II. El sendero de la luz

El cigarrillo acabó de apaciguar mi compungido espíritu. La calma comenzó a llegar por un instante y la sensación de paz por todo mi ser fueron desde este momento la constante. Comencé a sentir intensamente los sonidos de los insectos que nos acompañaban esa noche y cada sonido a su vez era acompañado de un juego de imágenes juguetonas, luminosas. Sentía además el poder del taita que incluso y pese a no hablar un instante, con solo mover su ramita y soplar su aliento como invocando las energías de la madre selva, era capaz de hacer cambiar la visión o la sensación que se sentía en cada momento.

Los colores danzaban mientras que los espíritus ancestrales de la familia llegaban a visitarnos. Sentía que encima de la maloca y por fuera estaban volando tres grandes taitas que agitaban sus ramas o wairas y nos acompañaban en la ceremonia con cantos y rezos, y tres árboles que estaban ubicados a unos 50 metros de la maloca y de frente a la entrada, se movían rítmicamente con ayuda del viento. Los árboles parecían tener voluntad propia y entre sus ramas veía rostros de ancianos como los de los famosos árboles del Capítulo II del Señor de los anillos. La magia circundaba por todo el ambiente y mi amiga tirada en el piso no podía siquiera levantarse. El remedio estaba muy fuerte.

Recordé que cargaba mi armónica y entonces decidí acompañar la noche con su sonido celestial. Me levanté con dificultad y bastante mariado y subí hacia la habitación temporal que nos habían asignado dentro de la maloca. Ya con mi preciosa dulzaina, salí y me dirigí hacia la fogata que había ubicada en el centro del gran patio redondo y que estaba al frente de la entrada. Allí estaba nuestro amigo Siux, sentado en el suelo, aparentemente muy tranquilo, meditativo… no quise interrumpir su trance.

Me senté en la única silla que había alrededor de la fogata, miré hacia el cielo y uauuu, miles de estrellas danzando, algunas multicolores, otras inmensas doncellas titilantes. La constelación de escorpión, mi signo zodiacal, ha estado presente durante todo el viaje y en esta noche mágica no hubo excepción. Antares, su estrella más brillante, parecía que me hablaba entre destello y destello. Yo feliz de ver tanta grandeza tuve entonces la dicha de observar una gran estrella fugaz que cruzó por todo el firmamento, de extremo a extremo… recordé entonces la magia de estas estrellas y que me fue revelada en otra noche intensa allá en la selva del Putumayo.

Miré a mi amigo sentado al frente de la fogata, sonreímos como niños que disfrutan enormemente una chupeta, y entonces pedí permiso para hacerme a su lado. Pude cruzar un par de palabras con este mágico ser, compartimos un exquisito tabaco, tomé mi armónica con su consentimiento y comencé a tocar.

Cada nota era un color y el sonido celestial parecía llamar a los ángeles del cielo. En mi mente veía colores que bailaban y se entremezclaban entre sí hasta que una sensación mayúscula de paz incursionó en el ambiente. El ritmo de mi armónica cambió, comencé a tocar una marcha y una vez más, sentí la presencia de seres invisibles, seres de luz, que bajando del cielo se deleitaban con la melodía balanceando su perfecto cuerpo de lado a lado. Sus rostros resplandecientes estaban acompañados de una grata sonrisa de satisfacción.

La alegría se apoderó del lugar, me levanté y comencé a danzar alrededor del fuego haciendo zapatear mis pies en cada paso que daba y haciendo pequeños círculos mientras que me movía alrededor del fuego. Sentí una vez más que un viejo espíritu se apoderaba de mi mismo ser… cuan indígena soy!

La noche transcurrió así, llena de poder y magia. Cuando terminé de danzar, decidí invitar a uno de los participantes que estaba ubicado en una lejana silla y en el exterior del círculo, y que vomitaba constantemente. Accedió y lo ubiqué en la silla que estaba al lado de la fogata. Mi amiga Lore en ese momento salió tan desubicada como lo estaba el sujeto de la silla. Me alegró verla nuevamente de pié, salí a su encuentro y la abracé. Ella quería vomitar pero por alguna razón le era difícil. La invité entonces hacia la fogata, tomé un tabaquito y lo ofrendé al fuego, llevaba consigo una intención. Nuevamente la armónica sonó pero esta vez la melodía fue acompañada del sonido de la vomitada de mis tres amigos que sin estar de acuerdo, comenzaron a aliviar en simultánea.

Una vez mi amiga se repuso, entramos nuevamente a la maloca. No se la hora exacta pero en todo caso era la hora para iniciar con la limpia. Momento especial de toda toma de ayahuasca. El delicioso sabor que tiene sentir el poder de las manos y del ser que tiene un hombre como el taitica Casimiro, me hizo pensar que había valido la pena ir al purgatorio, entrar al mismo cielo y recibir tantas bendiciones de parte de un ser tan bello como él. shhhhhhhhhhh

Después de la limpia y yo ya acostado, seguí viendo cosas muy lindas, me arropé sintiéndome amado por la tierra, amado por el fuego, amado por el cielo, amado por el agua, amado por el abuelita ayahuasca, pero sobre todo, amado por DIOS.

Taita Watanka, gracias por esta hermosa cosecha!


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Fotos tomadas de:
http://www.fimbulvinter.blogsome.com/
http://www.ayahuascajourney.com/
http://www.oaska.blogspot.com/

jueves, 25 de diciembre de 2008

La tomita de ayahuasca I. Un viaje al purgatorio

Comenzó Elías, el hijo del taita haciendo sonar su guitarra con tres canciones que hacían alegoría a la medicina de la Ayahuasca. Aún tengo fresca en mi memoria aquellos sonidos que emitían las cuerdas del instrumento mezcladas con la vos de aquel indígena, era un trozo de selva que salía de aquella boca, era un pedazo de tierra que germinaba en el fondo de aquel hombre e iba creciendo hasta convertirse en el bejuco mismo que se introducía en nuestros oídos para así no más, invitarnos a viajar por el mundo mágico de la sabiduría de la misma madre tierra.

Enseguida Elías se levantó del piso en donde nos encontrábamos todos y se dirigió hacia la mesa en donde se encontraba su padre y comenzó a llamar a cada uno para ofrecerle el traguito de la medicina. Cuando me tocó el turno, me acerqué con esa mezcla de temor que usualmente siento cuando tomo medicina, y la expectativa de lo que va a suceder durante la noche.

El sabor de la medicina es amargo pero este yagé comparado con algunos que he probado, no sabía tan mal. Además, cuando tomé, Elías me pasó un casquito de limón para quitar el sabor de amargo de mi boca y vaya si funciona bien. Todos nos sentamos de nuevo en el piso y de frente al taita, y a esperar ... Transcurrieron unos 30 minutos cuando comencé a sentir un pequeño malestar en mi estómago y un leve mareo. El malestar se fue intensificando y el mareo comenzó a hacerse mayor acompañado ahora de una leve visión de luces muy tenues. Comenzaron a cruzarse ideas en mi cabeza pero nada concreto, eran más ideas cada vez más rápidas. Fue difícil mantenerme concentrado.

Al cabo de una hora, el mareo era intenso y el malestar más aún pero ahora me acompañaba también una imperiosa necesidad de salir de la maloca y vomitar pero era tal el malestar que difícilmente me podía levantar. La angustia comenzó a apoderarse de mí pues se que cuando la medicina sacude duro, la fascinación de la experiencia se puede convertir en todo un suplicio que lleva incluso a pensar que se está adportas de la locura.

No tuve más remedio, mi desespero por vomitar me llevó a sacar fuerzas para levantarme y salir. Me dirigí hacia el campo que estaba al frente y en donde había un fuego en todo el centro de dicho lugar. Lo crucé y me hice al lado de un pequeño árbol para comenzar a expulsar el remedio que traducido en el lenguaje ayahuasquero, no es más que la purga física y espiritual que permite disponer al alma hacia la conexión con esos otros mundos paralelos a este y que se perciben cuando se modifican los estados de consciencia ya sea a través de este tipo de medicinas ancestrales, o ya sea a través de la meditación o la oración.

Cada vomitada era un real suplicio pues la medicina estaba muy fuerte. El mareo persistía pero ahora con mayor intensidad y una vos dentro de mi me hablaba... "que estás votando, ya sabes que es..." Me encontré allí con mis fantasmas, mis miedos, mi consciencia trastocada. Parecía que todo daba vueltas a mi alrededor y yo a la vez alrededor de todo. Sentía voces y un sonido agudo comenzó a invadir todo el espacio. Era insoportable, no podía definir nada y el dolor e mi estómago me llevaron al desespero sin poder vomitar por completo la medicina.

Habrán pasado unos 15 minutos que pudieron ser para mí 15 siglos, cuando Elías se acercó y me dio agua para beber. Me calmé un poco no obstante sabía que aún había más por examinar. Me dirigí hacia la maloca pero una extraña fuerza tomó mi cuerpo y casi a la brava me sacó de allí; sentí que aún no estaba listo para regresar al lado del taita. Me quedé al costado de la puerta de acceso y allí nuevamente llegó una oleada brutal de energía. Era como un golpe que sentía de nuevo en mi estómago. Una rara y pesada sensación embargó ahora mi ser. Sabía que tenía una piedra que quería sacar. Pese a que mi cabeza aún estaba dispersa, traté de concentrarme. Buscaba en mi memoria aquello que quería expulsar, era como caminar por un laberinto tratando de encontrar cuanto antes la salida. Los sonidos a mí alrededor los percibía diferentes, con eco.

La búsqueda por los recónditos caminos de mi consciencia continuaban hasta que comencé a comprender, la necesidad de vomitar regresó pero esta vez con mayor intensidad. Estaba muy mareado y la sensación de estar loco volvía a mi cabeza. Pedí ayuda con la escasa fuerza que tenía. La respuesta fue contundente, "el efecto dura unas dos horas, solo espere que ya pasará", dijo Elías tan apacible como siempre... me tuve que resignar.

Recordé entonces uno de los mantras más poderosos que conozco y que empleo cuando me veo en aprietos, comencé a cantarlo buscando la concentración que bajo ese estado es bastante difícil de lograr. La vos se me perdía, no tenía fuerzas, estaba rendido; sin embargo seguí pero en cada intento parecía que algo interfiriera, trataba de desviar mi intención y mi atención. Se como es la mente y sabía lo que sucedía. El vómito volvió pero esta vez sentía que al salir la ayahuasca raspaba mi estómago, no sabía que más vomitar y sin embargo salía y salía más ayahuasca. Pensé que efectivamente me estaba enloqueciendo y por un instante y por primera vez desde que tomo yagé, alcancé a arrepentirme de estar allí, pero la fuerza comenzó a llegar. Canté el mantra, la conmoción desesperada comenzó a ceder. El mantra me comenzó a levantar y una extraña sensación de paz y tranquilidad comenzó a llenar todo mi ser. Escupí con el poco aliento que aún me sostenía, tomé agua y sacando las fuerzas que aún tenía me levanté. Pude descansar...

Entré entonces hacia la maloca con una sensación mayúscula de debilidad y pude en medio de un mareo intenso, encontrar de nuevo mi sitio. Me sorprendí al encontrar solo a Lorea y a una chica con un semblante bastante diferente al que yo tenía, dentro de la maloca. Las otras dos personas estaban afuera al parecer viviendo situaciones similares a la mía. Estaba completamente desconectado de la realidad circundante a mi experiencia.

En esa primera parte del viaje sentí pues la locura, la selva alborotada, mi cabeza a punto de explotar, una sensación de penitencia, un escalofría incontrolable, una búsqueda sin salida y finalmente, una liberación…

Al parecer lo peor estaba terminando. Ya ubicado en mi espacio, encima de una colchoneta y con una manta de lana a mi alrededor, quise pedir permiso al taita para prender un cigarrillo. Cuando levanté mi cabeza vi a tres indígenas de gran envergadura a cada costado de este chamán y con los brazos cruzados en pose de constante vigilancia. Eran los guardianes. Me levanté y prendí mi cigarrillo con la venia del taita. Seguía ahora el viaje por el sendero de la luz, ya estaban allí los guerreros imperturbables…

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Fotos tomadas de www.snailconvention.com/services/ y http://ethnopharmacology.com/





lunes, 27 de octubre de 2008

La selva de los Mamallacta.











Los días en la montaña fueron reconfortantes y además de las enseñanzas y el entendimiento sobre mi relación con los elementos que constituyen la vida: el agua, el fuego, el viento y la tierra; la búsqueda me dejó muy buenos amigo. Personas de confianza con los que compartí diálogos muy entretenidos respecto a la vida y la mágica forma de sentirla.


En una de esas conversaciones sobre lo trascendental de la vida y la forma en que se puede llegar a ello, me hablaron de unos de los chamanes más conocidos en el Ecuador, el Taita Casimiro Mamallacta; un hombre que conoce muy bien la medicina y que vive en uno de los lugares más hermosos que visité en el Ecuador: La comunidad Mariposas en Archidona, a 15 minutos de Tecna, al oriente del país.



Emprendí pues mi viaje desde Quito en donde había estado la noche anterior compartiendo una noche de fantasía con lindos seres y en medio de cantos, alabanzas, rituales y profundas enseñanzas, viajando para mi fortuna, con una bella mujer del país Vasco llamada Lorea quien movida también por el interés de vivir una verdadera experiencia chamánica en el Ecuador, me hizo compañía en lo que más tarde se convertiría en una de las más fascinantes experiencias vividas hasta ahora en este maravilloso viaje.

Tomamos un bus desde Quito hasta Tena por 5 dólares y 5 horas de camino y nos bajamos en un pueblo a 15 minutos antes de Tena llamado Archidona y allí tomamos un taxi que nos llevó hasta la comunidad mariposas en donde vive la familia Mamallacta. Era de noche y la oscuridad difícilmente nos dejaba ver menos de un metro de distancia pero por fortuna y sin tener mayores pistas de hacia donde dirigirnos, apereció en medio de la noche un hombre semidesnudo que nos alumbró a la cara con una pequeña linterna que cargaba en su mano derecha. Le pedimos orientación para llegar a la casa del chamán pero al vernos tan despistados y encartados, decidió acompañarnos hasta la casa que buscábamos ayudándonos además a solibiar un poco nuestra carga física. El taita más adelante se encargaría de ayudarnos a despejar nuestra carga emocional...



Nos recibió uno de sus hijos quien nos hizo pasar a una maloca anexa a la maloca principal en donde vivía el taita con su señora y uno de sus hijos para darnos la bienvenida y hablarnos sobre la ayahuasca y el trabajo que ellos hacen allí desde hace mucho tiempo. Son 8 generaciones en su familia, cuenta el hijo, que mantienen viva hasta ahora la tradición de las medicionas de la selva... OCHO GENERACIONES!!! Todo un mar de conocimiento relacionado con el mundo del chamanismo.



Esta familia tan querida además, invita a la gente que allí les visitan, a dar un recorrido por varios senderos que tienen en esta tierra, pretendiendo así despertar a la consciencia sobre la imperiosa necesidad de cuidar nuestro lindo hogar llamado planeta tierra, como el único medio de sostenimiento y sustento que tenemos para nuestra especie.


Hay además una serie de malocas al rededor de la casa principal para recibir a sus visitantes y una cocina de libre utilización pidiendo a cambio lo que cada quien quiera dar... muy, muy generosos me parecieron los Mamallacta.


Después de esa introducción en la que se presentaron el taita Casimiro y su señora, hablando todo el tiempo en su lengua nativa, el Quichua, nos invitaron a pasar a lo que sería la sala de estar de la maloca principal para iniciar la toma de ayahuasca... y yo que lo único que buscaba era una cama cómoda para descansar, accedí ante la novedad de tomar medicina con un chamán de semejante categoría.


Habían con nosotros tres extrangeros, uno de los cuales llamo nuesta atención pues venía de la tierra de los Sioux, hombres sabios de norteamérica que al igual que los indígenas de sur america, vieron amenzada su existencia a la llegada de los europeos. Este hombre venía a recibir conocimiento del taita y fortaleza para cumplir su destino con la gente de su pueblo.... todo esto es increible... Los otros dos personajes eran al parecer sus acompañantes....


La ceremonia comenzó a las 08:00 pm. El taita sentado en una silla rústica, su esposa a su lado sentada en el suelo y su hijo a su derecha con una guitarra, dió inicio dando primeramente las indicaciones acordes a este tipo de rituales. Llevaba consigo un instrumento típico parecido a un birimbao que hacía sonar con la boca y otro instrumento cuyo nombre no recuerdo. Las luces apagadas y la luna nueva hicieron su contribución para que la noche se llenara de misterio, La selva comenzaba a abrir las puertas que nos permitirían acceder al mundo mágico de los mamallactas, nos preprábamos para una noche inolvidable...
DATOS PARA EL VIAJERO:
Bus Quito-Tena = 6 USD,
Tiempo de viaje= 5 horas
Archidona-Comunidad mariposas= 1 USD
Tiempo de viaje= 10 minutos
Hospedaje= Malokas de la familia Mamallacta. Aporte voluntario. Se puede cocinar allí.

La visita a la montaña



"Es importante que en algún tiempo, uno implore una visión. Que vaya a la cúspide del Universo, a una montaña donde encuentre el nido del cóndor y del águila. A una montaña donde uno encuentra la presencia de nuestros antepasados en el encuentro consigo mismo" Aurelio Díaz Tekpankalli. Fuego Sagrado de Itzachilatlan.


Y fué así, como movido por el deseo y la curiosidad de saber que era subir a una montaña y ayunar por cuatro días con sus cuatro noches en medio de un espacio no mayor a 6 m2, con solo una cobija y una manta y apoyado por 365 rezos hechos en tela roja y tabaco, poniendo especial atención a la puerta del oriente, la puerta de la humildad, la dirección por donde sale el taita sol; que cambié mi ruta para permitirme tener ese espacio sagrado y único en mi vida. Subir para recordar, subir para pensar y no pensar, subir para aprender a hablar con el silencio, hacerme amigo del viento, cobijarme con las estrellas y ser abrazado por el sol en interminables días.


Que maravillosa experiencia, sentí que nacía nuevamente caminando más allá de lo que hasta ahora había recordado. Esta vez no pensé en mis abuelos ni en mis antepasados, caminé de la mano de mis ancestros. Recordé que antes de la personificación que tengo hoy día de Dios producto de mi formación ¿o deformación? católica, mi espíritu se inclinaba con veneración para adorar al sol, al Taita Inti; y a la tierra, la Pacha Mama. Así se nos había manisfestado el gran espíritu, así lo entendimos y así lo vivimos hasta que que nos los transfiguraron. Sentí nuevamente que el maíz era el pilar y cuna de toda una civilización que aún vive y se hace sentir.

Sentí que nada era más importante que una gota de agua, una simple y milagrosa gota de agua y que allí se condensaba todo lo necesario para hacer de este planeta lo que es, el más bello regalo que le han dado a nuestra especie.

Estuve en este lugar durante dos semanas asimilando, recordando, danzando al amanecer cuando el sol sale a iluminar a Urcuqui, un pequeñísimo caserío a una hora de Ibarra, lugar de la búsqueda, en donde el hermoso volcán del Cotacachi nos saludaba con sus blancas nieves y el agua nos mostraba su infinita bondad en Chachimbiro, un exótico lugar de aguas termales incrustado en medio de bellas montañas. Una nueva relación con el fuego, con el tabaco sagrado, la sabiduría de la chanupa, el bizón blanco, los pueblos del norte, la purificación en el vientre de la madre tierra...


Así fué, indescriptible, sanador, mágico. Ecuador, ¿Hay aún más para mí ?....


Fueguito Sagrado

Recitos en el aire viajan a través del humo

En la ceniza, la memoria de los ancestros

Luz, iluminación...

domingo, 21 de septiembre de 2008

Montañitas. De todo y para todos !

Uno de los sitios recomendados para visitar como artesano o como turista es Montañitas. Un pequeño pueblo ubicado en la costa Ecuatoriana a unas tres horas de Guayaquil y en el que se puede disfrutar de muchas cosas triviales como la rumba electrónica, buena comida y cuanto exceso carnal o espiritual se quiera o se aguante. Es el sitio para tomar el sol preferido por muchos ecuatorianos especialmente de Guayaquil que en los fines de semana atiborran las calles haciendo incluso complicado movilizarse por ellas.

Me hospedé en Montañitas Garden, un hostal chévere para mochileros por su economía y porque además está alejado del pueblo que en horas de la noche tiende a ser muy bulloso por tantas fiestas que se celebran casi todos los días. Pagué un dólar por día en camping, baratísimo! y tenía la posibilidad de cocinar allí mismo.

En este pueblito parché casi a diario pues la cantidad de gente que llega allí, locales y extranjeros, hacía que valiera la pena salir a ofrecer las artesanías. Me volví màs artesano, aprendí un par de cosas del oficio, tejí manillas yajeceras y me gocé este lugar hasta que me cansé de él, o el de mí ...

Conocí mucha gente de muchos lugares, casi todos artesanos o mochileros que coincidíamos en decir que Ecuador es un país que sorprende por la cantidad de sitios que se pueden conocer y la magia tan especial que allí se respira. Me tiene encantado este país !!

Fue muy chévere conocer a la pareja de Chilenos que están viajando con sus dos niños dejando y enfrentando la posición racional de sus familiares, el mexicano que viajó a Bolivia para entender más sobre el proceso político en ese país y que por cosas de la vída también resultó atrapado en este Ecuador, o la chica argentina que hace malabares y danza con cintas y que está tras la búsqueda de su espíritu tratando de entender que es eso que en verdad la hace sentir feliz y congraciada con el universo, sin mencionar otra serie de personajes que solo en este pueblo se pueden conocer… de todo y para todos...

En este lugar se mueve toda clase de energías. El consumo y venta de drogas blandas y duras es la constante y se consiguen en cualquier lugar. El pueblo no tiene policía y es vigilado por los mismos habitantes y es especial para practicar el surfing. Pero aparte de ofrecer la manzana prohibida en cada esquina y dejarse contagiar de tanta rumba, sexo, alcohol y rock and roll, en Montañitas también se encuentran sitios que ofrecen lo contrario para balancear tanto exceso: terapias Reiki, masaje tailandes, yoga e incluso Temazcales y círculos de medicina indígena. Recomiendo mucho el hostal IntiÑan – The sun way - en donde se tiene la oportunidad de ofrecerle al espíritu alternativas llenas de misticismo y mucho conocimiento ancestral.



Y fue justo por este camino que conocí a un hombre medicina o chamán con el que tuve la oportunidad de compartir una noche llena de magia. Nuevamente el interés que me despierta el conocimiento de las costumbres ancestrales en torno a las medicinas y ceremonias chamánicas me llevó a estar en un círculo de medicina aprendiendo y compartiendo cantos, rezos y oraciones. Y fue allí, en Montañitas, y después de 2 semanas y una par de días, que decidí cambiar la ruta que tenía trazada para regresar de nuevo hacia el norte del país y allí conocer un mundo que escuchaba en el susurro de mis noches soñadas pero que no me atrevía a explorar por miedo e ignorancia. Decidí pues irme para la montaña para conocer el Camino Rojo, el camino del corazón… Ecuador me comienza a mostrar la vía que buscaba como objetivo de esta visita. A partir de esa experiencia en mi viaje por el Ecuador todo cambió…

Montañitas es pues un sitio que vale la pena visitar, es atrapador como ningún otro sitio. Muchos veníamos de paso y nos quedamos semanas, otros se quedan meses y muchos otros deciden quedarse allí para siempre…

El Baile de las ballenas (Video)

lunes, 15 de septiembre de 2008

Puerto López y las jorobadas

Mi viaje siguiente lo emprendí hacia la costa del Ecuador tratando de hacer “La Ruta del Sol”. La idea inicial era seguir desde Mindo hasta Santo Domingo (4 usd, 4 hr) y de allí a Manta (5 usd , 6 hr) para continuar hacia Canoa en Manabí, pero el trayecto lo cambié pues al llegar a Manta como a eso de las 4 am las personas locales me previnieron respecto a la inseguridad que había en la zona. Quizá el cansancio del extenuante viaje o la imparable habladuría de un sujeto que me abordó al llegar al espantoso terminal y que no paraba como si en meses no hubiera hablado con alguien, hizo que tomara la decisión de cambiar de ruta. Casi salí corriendo de ese lugar y me subí en el primer bus que iba para Puerto López… (2.5 usd y 2 horas).

Este pequeño poblado es el punto preciso para realizar avistamiento de las muy famosos y bellas ballenas jorobadas. El tour que usualmente ofrecen el el lugar vale 25 dólares pero hablando directamente con el capitán de la lancha se puede hacer en 15. La diferencia radica en que a los de 25 les dan un refrigerio y dicen los que venden el tour que los botes son más seguros. A mí no me pareció que los 10 dólares de diferencia lo justificaran.



El viaje en lancha por el mar Pacífico estuvo cargado de adrenalina pues las grandes olas hacían que nuestra embarcación diera unos botes que ponían a rebotar a la lancha en el mar al mejor estilo de persecución hollywoodense. Pero la emoción fue poca comparada con la oportunidad de ver a estos gigantes saltar fuera del agua en una belleza tal que merecía darles medalla de oro por nadado sincronizado. Mis palabras aquí se enmudecen pues no puedo expresar siquiera lo que sentí al ver a estos gigantes cetáceos desde tan cerca… fascinante, sin duda fascinante… que pequeñitos somos además ante estos animales …


Puerto López también se convirtió en la plaza para debutar como artesano. Por primera vez parché en una mesita que los artesanos locales me ayudaron a ubicar y allí comencé a sentir la magia de caminar como mochilero, que noble y bello oficio. Hice una muy buena amistad con los otros artesanos, especialmente con tres loquitos ecuatorianos amantes de la Santa María y que cuando me hablaban parecia que estuviaren viajando en una nava a través del universo, y un argentino llamado Facundo que llevaba viajando ya como unos dos años. Es el típico bohemio que con su argumento vendía hasta un mojado sin inconveniente y de paso hacía citas para él y nosotros con las extranjeras para salir en las noches a tomar cerveza. De hecho fue en este lugar que en un viernes de locura, después de unas buenas ventas en el parche y de haber observado quizá el atardecer más hermoso en mucho tiempo, compramos una caja de vino tinto marca Cloe (Lo recomiendo por lo bueno par ser tan barato y en caja) e invitamos a unas chicas de Francia y Estados Unidos a tomar cerveza y de paso a enseñarles a bailar salsa.


La noche fue estupenda, las cervezas pílsener refrescaron la cálida noche en un acogedor bar en donde los foráneos de muchos países del planeta y uno que otro local, nos encontramos sin ponernos cita para disfrutar del sabor costero, la buena música y la oportunidad de compartir sin prevenciones y con mucha risa. Así deberían ser las reuniones de la ONU… Arreglamos el mundo y yo, al son de la salsa, vi en esta chica americana la otra faceta del típico yanqui que tenía concebido en mi mente… muy sonriente y trasparente se me hizo! todo estuvo bonito excepto la resaca del día siguiente.

Divertidísimo pues me resultaron estos días en Puerto López, un lugar maravilloso para conocer gente, bailar salsa, ver atardeceres, parchar con los amigos y dejarse enamorar de la vida… y por que no, de las gringas!



martes, 9 de septiembre de 2008

Mindo o el color del paraiso

Después de Quito decidí ir a conocer el monumento llamado "Mitad del mundo", ubicado en un pequeño pueblo al norte de Quito; nada espectacular, y estando allí me hablaron de Mindo, un sitio ubicado cerca a la reserva ecológica del Pululahua.
Mindo está a dos horas y media de Quito (2 USD) tomando cualquier autobús que vaya por esa ruta. El pueblito está ubicado a uno 20 minutos de la carretera principal en donde se consigue fácilmente camionetas por 50 centavos para llegar al lugar. Me hospedé en la casa de doña Cecilia, (Recomendable), una mujer muy conocida en el pueblo que tiene un bonito hostal a unos 5 minutos desde la plaza principal y que por 5 dólares la habitación o 2 dólares el camping, ofrece un sitio muy acogedor en donde además se puede cocinar escuchando el suave pasar de un trasparente rio que con su sonido genera un ambiente apacible, muy tranquilo.


Mindo es además mundialmente conocido por ser uno de los sitios más atractivos para avistamiento de aves, especialmente colibríes, pero digamos que el gallo también vale! Y es que efectivamente recorrer sus caminos y senderos se convierte en toda una experiencia inolvidable adornada de muchos sonidos y colores. Los ríos y las cascadas invitan a nadar en esas tardes soleadas en donde el taita Inti con delicadeza abraza con su luz y calorcito este bello rincón que curiosamente no figura en muchas de las guías turísticas que he ojeado sobre el país. El clima es templado y la magia se respira por los poros todo el tiempo pues como muchos pueblitos ubicados entre las montañas y la Costa, este Mindo emite una atmósfera muy colorida y diversa, por algo los mindeños dicen poseer lo mejor de las dos regiones en su lugar.


Existe además un pequeño mercado artesanal en donde se puede parchar sin inconveniente y disfrutar de una variedad de actividades relacionadas con la naturaleza pues este pueblito ha desarrollado gran parte de su economía dedicado al ecoturismo.


Valió la pena pues pasearse por este maravillosos lugar en el que sentí durante los días que estuve allí, que caminaba por el paraíso. También conocí gente muy especial, particularmente a Lucho y Jim, una linda parejita argentino-coreana que me acogió compartiendo conmigo deliciosa comida, entretenidas conversaciones, tabaco con pétalos de rosas y un libro que es de obligatoria lectura si se desea aprovechar aún más este viaje por esta región maravillosa del planeta “Las venas abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano. Un buen detalle del argentino!!


Ese es Mindo…. quizá de esos lugares que son sucursales del mismo cielo en este planeta...

viernes, 5 de septiembre de 2008